La industria muestra un balance razonable entre oferta y demanda, con consumo anual en torno a 200–220 mil toneladas. Fuentes del sector advierten que la concentración en China es una oportunidad, pero también un riesgo que obliga a diversificar.
Según Bruno Ceroni, gerente comercial de Goodvalley —empresa asociada a Chileprunes—, el negocio vive hoy “un momento de relativo equilibrio” entre oferta y demanda. La capacidad de consumo global se ubica en el orden de 200–220 mil toneladas por año, mientras que la producción reciente ha oscilado en torno a esa cifra por factores climáticos en varios orígenes.
Ceroni comenta que los cuatro proveedores tradicionales —Francia, Estados Unidos, Argentina y Chile— siguen marcando pauta en el comercio internacional. A esa lista se suma Uzbekistán como actor en ascenso, con una oferta que compite en mercados como Rusia, Europa del Este e incluso China, aunque con variedades y estilos de deshidratado propios.
En Estados Unidos (California), añade, la trayectoria ha sido de ajuste: desde cerca de 91 mil toneladas en 2015 (100 mil short tons) a una proyección 2025 en torno a 59 mil toneladas (65 mil short tons). La combinación de clima adverso y menor superficie disponible ha estrechado la oferta y sostenido un sesgo alcista de los precios desde mediados de 2024.
Respecto de precios, el ejecutivo precisa que el mercado muestra mejores niveles que en 2024, pero evita dar un porcentaje cerrado para la liquidación de esta temporada. Más que una cifra puntual, subraya que la oferta ajustada ha permitido recomponer valores en los principales destinos.
Motor asiático
China continúa como el gran motor. Bruno Ceroni explica que, en 2024, Chile envió en torno a 29.800 toneladas de ciruela deshidratada a ese destino —aproximadamente un tercio del total—. En ciruela fresca, la temporada 2024 también fue intensa: del orden de 109 mil toneladas entre enero y abril se dirigieron al mercado chino. Esta dualidad (exportar en fresco o deshidratar) entrega flexibilidad a los productores, aunque también concentra riesgos si ese mercado se desacelera.
En paralelo, indica, Chileprunes y sus asociados vienen trabajando la apertura y promoción en India. Se trata de un proceso de varios años en el que la industria busca construir demanda de manera sostenida, más que esperar resultados inmediatos.
¿Y Uzbekistán? El ejecutivo matiza que puede incomodar en ciertos mercados —como Rusia o parte de Europa del Este— y que también vende a China. No obstante, lo considera un competidor de características distintas por variedad, calibre y estilo de proceso, más que un actor equivalente al perfil tradicional de Chile o California.
De cara a 2030, Ceroni anticipa un escenario base de estabilidad siempre que la oferta global continúe contenida. Con todo, advierte que, si China decide impulsar a gran escala la deshidratación propia de su ciruela, la competencia se intensificará. Por eso, concluye, la clave está en mantener disciplina: visión de futuro, diversificación de mercados y sostenibilidad del negocio.
En el caso de Goodvalley, el plan —dice— es mirar el negocio en el largo plazo. La empresa, fundada en 2009 en el valle de Colchagua y con más de 250 hectáreas propias, prioriza la diversificación de ingresos y el uso eficiente de la infraestructura: por ejemplo, la producción de cerezas deshidratadas utiliza los mismos hornos y equipos por lo que ayuda a diluir costos fijos. El objetivo cercano es de duplicar capacidad de secado (de 50 a 100 túneles) y galpones de guarda, se mantiene como meta sujeta a avances de permisos e inversión.


