Rosario Larraín, ingeniero agrónomo zonal en Prunesco, entrega un balance en medio de la temporada invernal.

El invierno avanza en los huertos de ciruelo europeo con un manejo agronómico en condiciones normales y una acumulación de horas frío satisfactoria hasta la fecha. Sin embargo, la principal preocupación se concentra en el bajo nivel de precipitaciones acumuladas durante esta temporada.

“Estamos a mitad del invierno y los huertos están siendo podados en forma absolutamente habitual, regulando cargas para un año normal. No se ve ni sobrecarga ni podas extremadamente fuertes. Esto muestra que los productores están apostando por una temporada sin sobresaltos”, dice Rosario Larraín, ingeniero agrónomo zonal en Prunesco.

Respecto a las condiciones climáticas, la experta comenta que “si bien tuvimos un mes de mayo cálido que retrasó el inicio del receso invernal, desde mediados de junio comenzaron a acumularse bien las horas de frío. A la fecha, ya contamos con alrededor de 550 horas en la zona de Colchagua, e incluso un poco más en algunas comunas”. No es el óptimo, pero es un número que da tranquilidad. En cuanto a la brotación primaveral, añade, estamos atentos a las temperaturas que se desarrollen en septiembre.

El verdadero foco de alerta está en las lluvias. En 2024 se acumularon más de 600 milímetros, con un evento intenso en junio del año pasado. Este año han caído solo 270 mm en la zona de Colchagua, VI Región, la más relevante para la ciruela deshidratada. Es menos de la mitad respecto al año anterior, y hasta ahora, en lo que resta de julio, esperamos que se concrete un pronóstico de precipitaciones anunciado para la última semana del mes.

“Nos preocupa que no se logre reunir suficiente agua en tranques y embalses, y nieve en la cordillera, para asegurar el riego de fin de temporada”, explica. Idealmente, dice, se requieren al menos 500 mm de lluvia, bien distribuidos para mantener la humedad adecuada en los suelos y enfrentar bien primavera y verano. “Un solo evento grande no sirve si los suelos ya están saturados. Es preferible una lluvia parcializada”.

Consultada sobre el efecto de este invierno irregular en la floración, Larraín aclara: “Una buena acumulación de frío, combinada con temperaturas templadas durante la floración –entre 16 y 25°C–, puede generar una apertura de flores más pareja, homogénea y como resultado una mejor cuaja. El problema se produce cuando las temperaturas extremas afectan la viabilidad del polen”.

En cuanto a labores de campo, tanto la poda como la cosecha están cada vez más mecanizadas. Hoy día las cosechas se hacen con equipos de alrededor de 8 personas, gracias a máquinas tipo side by side y canchas de secado más tecnificadas. Asimismo, se han incorporado podas semi-mecanizadas con tijeras neumáticas que facilitan y aceleran el trabajo”.

También ha aumentado el uso de cianamida hidrogenada para homogenizar floraciones y, en algunos casos, adelantar cosechas destinadas principalmente al mercado de fruta fresca. Aunque ésta representa solo un porcentaje menor de la producción, su impacto en el volumen nacional de fruta deshidratada es de aproximadamente un 20%.

Finalmente, en cuanto al desafío estructural de mano de obra, éste sigue presente, aunque se ha logrado cierto equilibrio gracias a la rotación con trabajadores provenientes del sector cerecero. “La escasez de personal persiste, pero los avances en mecanización han permitido compensar esta dificultad en parte del proceso productivo”, añade Rosario Larraín.

Deja una respuesta